Luzcace

Luzcace nació escritora pero se formó como contadora con énfasis en reingeniería empresarial, y solo años después dio el giro para que su vocación de escritora se hiciera su profesión y su afición por la plástica le permita ser artista en formación. 

Entre pinceles, teclados y corporaciones encontró una forma de ver el mundo que armoniza el rigor técnico con las expresiones creativas. Esa mirada le permite ver en la escritura no solo la expresión artística sino una oportunidad de monetizar las obras de escritores en el mundo digital. 

Llegó a los 38 años con dos experiencias amorosas que dejaron dolor profundo en el corazón.  Con la determinación de comprobar lo que la intuición le decía — que en otros espacios y otras sociedades existían formas diferentes de relacionarse — incursionó en las salas de chat de la época y finalmente abrió una cuenta en odigo.com.

 Lo que vino fue alucinante — se enamoró y se desenamoró varias veces de hombres de otras culturas y otras latitudes que hasta entonces solo conocía por los mapas y la historia, el cine y la televisión. 

Esto le permitió experimentar en tiempo real el ajuste de su edad cronológica con su edad emocional y entender que el que se enamora es el cerebro, no el corazón, porque el cerebro es un órgano adicto a la dopamina, como lo explica el doctor Jaime Eduardo Calixto desde la neurociencia. Fue ese cerebro entrenado y lúcido el que en el mundo del punto com reconoció el amor — ese amor que da certezas, que acompaña sin invadir, que proporciona paz y pasión al mismo tiempo. Este hallazgo la llevó a afirmar que del cielo no cae, hay que buscar.

Antes de ingresar a los espacios virtuales para buscar pareja estructuró — fundamentada en los conceptos técnicos de la metodología organizacional — el protocolo de búsqueda, aplicando el concepto editorial de la organización empresarial: si en una empresa comercial da resultados, en la empresa emocional también debe darlos. 

Fue así como hace 25 años en odigo.com encontró a su esposo y compañero de vida, y desde hace años trabaja en la estructura de este método que hoy comparte. 

Ha sobrevivido a tres infartos y carga como medallas de guerra 8 stents que funcionan como su soporte vital. Hoy, su medio corazón vive y vibra por trazar la senda para que los escritores empecinados como ella puedan ser leídos.

Scroll al inicio